Nota principal: ¡Hasta la victoria de la ternura, Alejo!
Escribe Maximiliano Martín Coria, “Trapo”, un adolescente que gracias a Alejo emprendió el proyecto de escritura que fue su “salvación”.
“A los compañeros, desde siempre, hasta siempre…”
Alberto Szpunberg
Aún a estas horas resuena la perpetua voz del compañero que partió hace un momento. Cuesta asumirlo, en líneas generales o personalmente: el Cabezón se hizo fuerza con el viento que nos funde y abriga. Recuerdo que lo conocí en el marco de reuniones que organizaba junto al compañero Arturo Blatezki en el espacio joven del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos en 2010.-De esas reuniones surgió el entrañable compañerismo que fue amistad, que fue consejo, que fue aliento perenne.
A fines de aquel año, durante una conversación vía mail, le envié una serie de textos que había escrito en mis ratos de ocio. Los encontró agradables y comenzó una cadena de difusión que llevaría esos textos a tantos otros compañeros. Fue su descubrimiento y mi salvación.
Influyente en su versión más exacta, persona de trabajo honesto e ideales, que aún con sus títulos jamás perdió la sencillez. Naturalmente positivo, diría. Pionero de la juventud; con la murga, el cine, la poesía. Una de las últimas veces que tuve contacto con él conocí a su esposa, sus hijos, su hermano… Hombre de familia y familias. Poseo el mejor recuerdo de este militante de la vida, porque recordar a diario momentos efímeros o jornadas extensas es dirigirnos al futuro a paso firme, alejándonos de las tempestades con que la muerte nos divierte.
Siempre con una chicana futbolera y el respeto justo, con alguna crítica constructiva, con un consejo legal, una canción de Patricio Rey, una ronda de mates, la organización de campamentos o la mera invitación a participar, compartir, comprender.
Últimamente me decía “la poesía sabe esperar, compay” −como para ayudarme tolerar el angustiante proceso de digerir la libertad−. No pifió en ello.
Ya tendré oportunidad de devolverte un poco de lo que me has brindado, amigo.
En medio del dolor que provoca la ausencia física de Alejo García, me consuela su entusiasmo y compromiso que elevan su alma siempre dispuesta. Queda la espina de no haber tenido esa charla que nos debíamos y mi reproche al tiempo que te prohíbe. No obstante, cargo con la tenue alegría de encontrarte en pasajes de las obras de Martí o Gelman y comprobar que, aún aquí, el fuego transmitido es vigencia y porvenir.